Después de la partida de mi abuelo, mi mamá se fue a Londres a continuar sus estudios y se especializó en rituales religiosos aztecas. Se enamoró de un chileno, luego de un hindú y finalmente conoció a José, mi papá, que es de un pueblo de Andalucía. Él le daba clases de español. Aprendió la “r” recitando Verde que te quiero verde de García Lorca. Él cocinaba tortilla de patatas que volteaba en la sartén haciéndola girar en el aire.

 

Mi papá creció en un cortijo solitario entre dos pueblos de Granada. Su madre murió de tuberculosis durante la Guerra Civil cuando él tenía cuatro años.

 

Trabajaban la tierra. El agua se sacaba de un pozo y cocinaban en la chimenea. A los ocho años se marchó a una pensión en un pueblo cercano para ir a la escuela. Después estudió la carrera en Granada y un doctorado en Londres donde conoció a mi mamá.

 

Se casaron en Viena. Mi mamá cuenta que de pronto se encontró en Granada, embarazada y cocinando paella, pulpo y sardinas. Dice que los gritos de las mujeres en el mercado la asustaban y que él la hacía recorrer todos los puestos para encontrar las sardinas más baratas.

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