Viena, 5 de julio, 1991

 

Tomo retratos en los que trastoco la realidad, nace un momento nuevo. Cada vez que se desnudan para mis fotos se consuma un deseo, un pequeño deseo de entrar en el espacio privado de mi madre, mi abuela, Sarya. No busco retratar lo que hay, sino algo provocado por el acto de fotografiar.

 

Mis fantasías no son concretas, cobran cuerpo en las fotos. Cierro los ojos y las imágenes fluyen.

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