Estarás impaciente e irritable. Y no podrás concentrarte para trabajar. No te preocupes, ellos están bien, les gusta estar con Angélica, no te necesitan. Este es tu espacio y es bueno que lo tengas, no te angusties, duérmete. No puedo dormir, mejor me levanto y me pongo a hacer algo, pero luego no podré dormirme y si me siento muy mal me voy a angustiar cada vez más. Pobre Angélica, ahí sentada con los niños, teniendo que entretenerlos. No, no es así, a ella le gusta. No te angusties y duérmete. Cuando menos te des cuenta, te habrás dormido. Qué maravilloso es cuando de pronto despierto y me doy cuenta de que me quedé dormida, cuando despierto contenta y centrada. Cómo me gusta sentirme así. ¿Por qué me siento tan angustiada? Nunca podré salir de esto. Me escondo de estar en el presente, con mis hijos. Mejor cuenta hasta dormirte: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… 89, 90, 91… ¿y si mejor me levanto? Seguro ya pasó mucho tiempo y yo sigo aquí, sin dormirme. No, insiste, ya sabes que al final te acabas durmiendo, vale la pena…

 

Ángeles dijo: es típico que los niños abandonados a temprana edad creen una voz en su cabeza que busque contenerlos, darles parámetros, sustituir a un adulto que los contenga y los consuele, les diga qué hacer, cómo salir de su desesperación. Esa voz cansa mucho, me agota. Me siento todo el tiempo teniendo que reconstruirme, que rehacer una imagen básica que me ubique en el presente, me dé contornos para poder relacionarme con mis hijos. Es extenuante. Me siento participando de una escena en la que no sé qué papel tengo.