Cuando Martín nació, un médico se subió en mi vientre y presionó para que el bebé saliera. Pasaron más de veinticuatro horas después de haber roto aguas, y era peligroso. Barroso quiere hacer una cesárea. Pero cuando entra y ve cómo manejo el intenso dolor de las contracciones pregunta ¿Realmente deseas mucho tener un parto? Y espera un poco más.

 

Desde que me ponen la oxitocina las contracciones se desatan como un torrente, constantes, dolorosas. Sin descanso entre una y otra. No sé cómo acomodar mi cuerpo, los huesos de la pelvis duelen como si fueran a quebrarse. Recuerdo el ritmo de mi respiración para soportar el dolor. No dejo que me pongan anestesia, deseo sentirlo todo.

 

La tercera vez que presionan sobre mi vientre, Martín sale. El pediatra lo lleva a revisar. Tardan mucho en dármelo. Solo me dejan sostenerlo unos minutos. Lo llevamos al cunero a estabilizarle la temperatura, dice. Y a mí me llevan a una sala oscura, sola, a recuperarme.

 

Luego me suben al cuarto donde espera Val. Se ve muy cansado. No me acuesto, llamo enseguida al cunero, quiero ver a Martín. Pido una silla de ruedas. Nos lo traen a una habitación. Está envuelto en sábanas. Suspira. Estamos tan sorprendidos. No se prende a mi pecho. Solo suspira. No me dejan llevarlo conmigo al cuarto, para que descanse. Es horrible estar sin mi bebé y sin mi panza. Las enfermeras no entienden que quiero estar con mi bebé. Descanse, ya tendrá mucho tiempo para estar con él.

 

Por la mañana cuando vamos a verlo, una voz en el interfón dice: Está en terapia intensiva. Me agarro de la pared para no caerme. Luego, el pediatra dijo: Tiene sepsis neonatal temprana. Lo tuvieron tres días allí. Solo nos dejan entrar dos veces al día por media hora. Está en un cuarto con otros bebés. Lo tienen atado a muchos tubos y le dan oxígeno. No puedo cargarlo, solo acariciarle la pierna. Ir a casa sin el bebé es tan irreal, como si nada hubiera pasado.

 

Voy dos veces al día a un cuarto donde varias mujeres están conectadas a extractores de leche. Le dan a Martín las gotitas que salen de mis pechos. Al tercer día me dejan cargarlo y tratar de amamantarlo. Ese día duerme tan profundamente que a la próxima visita tarda dos horas en despertarse. Val y yo esperamos afuera. A la mañana siguiente fuimos para traerlo a casa.

 

No pudo tener sepsis neonatal temprana porque eso no se quita en tres días y seguramente fue solo un tratamiento preventivo, dijo nuestra pediatra de ahora.